La leishmaniosis canina es una enfermedad parasitaria crónica causada por el protozoo Leishmania infantum, transmitida mediante la picadura de la hembra del flebótomo (Phlebotomus perniciosus). En España es endémica en prácticamente todo el territorio, con especial prevalencia en la cuenca mediterránea y Andalucía. Sevilla y su entorno, con veranos largos, temperaturas elevadas y alta humedad relativa en las riberas del Guadalquivir, constituyen un entorno especialmente favorable para el flebótomo, lo que convierte a la provincia en una de las zonas de mayor riesgo de la Península. Se estima que entre el 20 y el 40% de los perros en áreas endémicas están infectados, aunque muchos permanecen asintomáticos durante años.
Cómo se transmite y quién está en riesgo
El flebótomo es un insecto de pequeño tamaño, apenas 2-3 mm, de actividad crepuscular y nocturna principalmente entre mayo y octubre. Solo la hembra pica para obtener sangre y transmitir el parásito. Los perros que viven o duermen al aire libre tienen mayor riesgo de exposición, así como los que residen en zonas rurales o periurbanas con vegetación densa.
La leishmaniosis también tiene implicación zoonótica: el perro es el principal reservorio para la infección humana, especialmente en personas inmunodeprimidas. Por este motivo, su control tiene importancia tanto veterinaria como de salud pública.
Síntomas: una enfermedad con mil caras
La presentación clínica es muy variable. Algunos perros infectados nunca desarrollan la enfermedad gracias a una respuesta inmune celular eficaz; otros evolucionan a formas graves en meses. Los signos más frecuentes incluyen:
- Lesiones cutáneas: alopecia periocular (aspecto de "gafas"), descamación, úlceras en prominencias óseas (codos, rodillas, hocico), engrosamiento y despigmentación de la piel.
- Onicogrifosis: crecimiento exagerado y deformación de las uñas, muy característico de la enfermedad.
- Adelgazamiento progresivo a pesar de mantener apetito conservado.
- Epistaxis: hemorragias nasales por afectación de la mucosa nasal.
- Linfadenopatía generalizada: ganglios linfáticos aumentados de tamaño, palpables fácilmente.
- Lesiones renales: glomerulonefritis que puede progresar a insuficiencia renal crónica, la principal causa de muerte en perros con leishmaniosis avanzada.
- Uveítis y conjuntivitis en algunos casos.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la combinación de serología, PCR y citología o histología. La serología detecta anticuerpos frente a Leishmania; títulos elevados son altamente sugestivos en perros sintomáticos. La PCR en sangre o médula ósea ofrece mayor sensibilidad y permite confirmar infección incluso en animales seronegativos con síntomas compatibles.
Antes de iniciar tratamiento, es fundamental evaluar la función renal mediante análisis de sangre y orina: la creatinina, urea, proteinuria y el cociente proteína/creatinina urinario (UPC) determinarán el estadio de la enfermedad según la clasificación LeishVet, que orienta el pronóstico y la pauta terapéutica.
Tratamiento y seguimiento
El tratamiento de primera línea combina miltefosina (oral, 2 mg/kg/día durante 28 días) con alopurinol (oral, 10 mg/kg/12h de forma prolongada, meses o años). El alopurinol inhibe el metabolismo del parásito y mantiene la remisión clínica. Una alternativa es el antimoniato de meglumina (inyectable), aunque la aparición de resistencias ha reducido su uso.
La respuesta al tratamiento se monitoriza mediante controles clínicos, serológicos y bioquímicos cada 3-6 meses. La leishmaniosis no tiene cura definitiva: el objetivo es alcanzar la remisión clínica y controlar la carga parasitaria para preservar la calidad de vida y la función renal.
Prevención: la clave está en la protección frente al flebótomo
La prevención combina varias estrategias:
- Repelentes de flebótomos: collares con deltametrina (Scalibor) o pipetas con permetrina ofrecen protección eficaz. Deben aplicarse desde mayo hasta octubre, con renovaciones según ficha técnica.
- Vacunación: la vacuna CaniLeish (Virbac) y Letifend (Laboratorios Leti) están disponibles en España. Se recomiendan en perros seronegativos residentes en zonas endémicas. No curan ni protegen al 100%, pero reducen significativamente el riesgo de enfermedad clínica.
- Evitar exposición nocturna: mantener al perro en interior durante las horas crepusculares en verano reduce la exposición a picaduras.